sábado, 8 de septiembre de 2012

...A la Hora exacta

Papá detestaba las guardias. Rogaba que nunca pasara nada durante su

¡ Nos vamos a EE.UU !

Carmen, Mayela y yo eramos " las alegres comadres de Windsor" en quinto grado. Un trio para temer. Nos sobraba imaginación, irreverencia y energía.

La Iglesita

Mi historia religiosa debe parecerse a la de muchos. Mi curiosidad por encontrarme me llevó a

Hablar de la amistad es cosa seria. De disertaciones sobre el tema está lleno el mundo y saturado el buzón de San Valentín. Nada simple, nada fácil. Ser amigas es cosa de adultos, se necesita la voluntad de aceptarse tal cual. Hacer moldes de las amigas que queremos es ser tontos, es precisamente tu diferencia la que me hace estimarte y amarte como humano.
Dos mujeres - ya complejas y complicadas per se – deciden unir sus mitocondrias cerebrales y el cuore en algo poco practicado y entendido llamado amistad. Sin que ello implique ser etiquetadas de habitantes de Lesbos, término que algún día me explicarán los entendidos. Amén de que con mis amigas, nos conocemos casi desde niñas y a pesar de mis errores y metidas de pata, aún las conservo.
En este camino llamado vida, con tantos recodos y alcabalas, me ha tocado subir despacio y bajar rápido. He tenido la oportunidad de mirar siempre hacia delante y la bendición de poder mirar atrás – no con ciertos arrepentimientos y culpas – no obstante, el lujo de voltear y sonreír ya es ganancia.
Como quiera que al hablar se me sale el maracucho si estoy alegre o, el argentino si estoy triste, prefiero siempre dejar en letras mis días especiales. Como hoy. Una mesa rodeada de amigas, mis amigas. Así que mis letras me representan – como siempre – en eso de ser agradecida.
Me paseo por la idea de recordar cómo llegaron Uds. a mi vida, como líneas paralelas llegaron hasta mis coordenadas y siendo tan distintas entre sí, todas me aguantan en las suyas.
No puedo iniciar este gamelote filosofal sin recordar de dónde vengo. Creo que ha sido el secreto de mi existencia, una maravillosa combinación de mandocas y milonga.
Todas saben que soy un poco Jenkill y Mr. Hyde y que soy capaz de pasar de una depre requisitoria de Prozac y echar los chistes del cayuco de Elpidio en cuestión de segundos. Ojo, en ninguno de mis exámenes de sangre me han detectado ser bipolar, así que tranquilas… ¡es simple genio y figura ¡
De hippie a vieja carrancla se me han pasado los años en cuestión de nanos, me sigo viendo en el espejo y gracias a Loreal y a Eucerin, ¡ni se me notan!. Esa modestia es mi lado argentino. Al menos mi presbicia no me lo permite. Sabía yo que ser cegata no era tan malo.
Para orgullo, aún no me opero ni tetas, ni cuello ni párpados caídos. Ganas no me faltan, sin embargo, de solo pensar que no podré ver CSI en varios días me arrugo más. Atesoro vainas viejas desde niña, y no guardo más porque ya no tengo espacio, ni el Smithsonian está interesado. Conocen que mis ganas de querer a un hombre es tan grande que con cada carajazo las he llamado a moco tendido para que me orienten con este nuevo ¡”coño e’madre rata peluda”.
Les dedico estas “di vagancias”, como dice Zapata, para que recuerden no sólo estos ñoquis amasados con cariño por mis hijos, sino cómo fueron Uds. a parar al lado de esta amiga llamada: Loly García
Betty Irwin de Bucci (a) Comadre, Bettica
Realmente sería difícil fijar una fecha, el almanaque Maya no se inventaba aún y nos regíamos por el judío cuando Betty y yo nos conocimos. Comienzo por ella, no porque sea la más vieja, sino porque fue la primera amiga que tuve. Su hermana Natacha era nuestra líder suprema, ella guiaba el rebaño de carajitas que aún no sabíamos bien si hablar en español, inglés u holandés. Yo la admiraba porque ni una hoja de la Ana María Campos se movía si Natacha no daba la orden. Un día, esperando afuera del colegio, Doña Estela vino a buscar a las muchachas y llevaba de la mano una niñita que apenas caminaba, si la soltaba se le torcían las patas. Así de imberbe era.
¡Mira! ¡La hermanita de Natacha!, increíble, que yo me acuerde de ese momento considerando que casi alcanzamos la edad de las pirámides. ¿No creen? De ahí en más, previa espera para que Betty fuera aceptada a su edad escolar, nos unimos como llaves en un colegio razonablemente libre pensador, que nos permitió salirnos del salón cada vez que daban clases de religión.
Ella me explicaba matemáticas no con mucha paciencia y yo actuaba la Campaña Admirable para que le entrara la historia. Creo que casi todo lo hemos hecho juntas excepto tener sexo con maridos intercambiados. Fundamos un club de jóvenes en Lagunillas, viajamos a Maracaibo hacer diligencias, nos compramos el mismo grabador Sony de botones, nos pintábamos las uñas de blanco, montamos caballo parejo, hacíamos tortas con coquitos para un público incauto y afortunadamente tuvimos novios distintos.
Con el tiempo, nos antojamos de casarnos a la par, fui su madrina pesando yo casi 90 Kg y un muchacho que escondimos debajo de la mesa de quesos para poder bailar. Nuestras barrigas paralelas se guardan en fotos de recuerdo. Los varones vinieron primero y al igual que nosotras, son amigos desde la panza. Después, con picardía, nos propusimos conseguir las niñas y sólo con un mes de diferencia Carolina y Karem comparten secretos de pavas universitarias. Lamentablemente, no pude darle compañía a Susanita, aunque uno de mis novios traía no solo real del bueno sino un posible amigo de juegos. No se pudo.
Betty es un alka-seltzer en el propio sentido de la palabra, pero jamás se desborda y al final, ella misma te ofrece un pancreosil para pasar la pataleta. Una buenas tres leches y zuazzzzz ¡
Formo parte de su familia y soy el primer arroz en sus fiestas, incluyendo la bañada de los perros. Hoy, soy su asesora. Me siento muy orgullosa de su tesón, su perseverancia y su fe.
Blanca de Lima, Duquesa de Alcocer:
Un poco más acá, justamente después del deshielo, por razones estratégicas y a ver si me acomodaba y apreciaba lo que tenía, mi madre me envió a un colegio de internas.
Andaba yo peleada con el PAPA y el jabón, cuando llegué al Santa Rosa de Lima. Venía del mero campo y, aunque rodeada de gringos y holandeses que ya fumaban marihuana como masticar chicle, los caraqueños me olían a capitalinos y no conocía eso de usar cartera con cédula incorporada.
Mundo distinto, niñas coquetas y viejas gruñonas con todo y batolas negras. Poco y nada había estado yo cerca de unas monjas y mucho menos de edificios y escaleras mecánicas. Mi parálisis duró un peo en chinchorro hasta devorarme la ciudad.
Jamás olvidaré su carita de absoluta tristeza cuando subió en el ascensor de Sor Pastora apretando su almohada contra el pecho. Algo le preguntó mamá y ella – con el mismo silencio del viento Paraguanero – no respondió. ¡Esta es más montuna que yo! , dije para mis adentros.
¡Sorpresa la mía! El primer día de clases, la coriana, admiradora del jabón “salvavidas” venía a darse duro contra las sogas de Sociología, Filosofía y Literatura. Ambas cautelosas, sonreímos mutuamente al saber que nos unían pueblo similares, llenos de cardones y cujíes.
Por fortuna, la irreverencia y la curiosidad por el saber nos hizo amigas desde el primer día. Blanca no quería hablar, ella había prometido pasar por ese internado sin pronunciar palabra en resguardo de su mancillado orgullo. Tenía 14 años y una memoria de elefante.
Con historias parecidas, su mami Guadalupe y Checita, nos habían tratado de ocultar el paso de la cigüeña, sin saber que nosotras hablábamos ya con toda propiedad sobre Sartre y Fromm.
Una chismosa insolente, se atrevió a enlodar nuestro buen nombre, insinuando que ella y yo éramos la culpables de ejercitar nuestro derecho al anonimato. Un letrero asqueroso – decía Sor Helena – había sido pintado en el baño: “Sor Helena es fea”. Culpables: ¡ Blanca y Loly, porque ellas no quieren estar en este colegio!.
La conjugación de verbos en latín y el sor-soris, Columba-columbae, terminó de unir nuestras vidas. Pasábamos las horas escribiendo poemas muertos, porque ya la lección de francés era pan comido. Con ella sí que tuve un amor en común y disputado: El Indio Piaroa, decirse profesor de historia era como mucho. Jamás nos pudimos sentar en sus piernas como las externas, ¡malaya!.
Sufrimos como no se imaginan, éramos las pueblerinas del salón y para colmo sin poder salir, para aprender cómo era aquello de ser grandes y cosmopolitas. Ateas recalcitrantes, como buenas “pensadoras”, nos negamos a cargar a la virgen en procesiones, y a responder el catecismo. Nuestras buenas notas nos salvaron.
Con el tiempo, la vida se la llevó a México y hasta que no fuimos madres no volvimos a saber la una de la otra. Un día, sentada en mi oficina, una joven pasó y de reojo vio mi nombre en el dintel. ¿Estudiaste en el Santa Rosa?, si, ¿Por qué? …mi hermana mayor estudió allá y tenía una amiga con ese nombre…Ya para entonces me había reconciliado con Dios y comprobaba una vez más que los milagros si existen. Nos dejamos de ver a los 17 y nos reencontramos a los 40 y dele.
Blanca combina perfectamente sabiduría, conocimientos, sencillez, cordura y una sed insaciable por estudiar. No me cabe duda que en su vejez la veamos saliendo de la Sorbona con el décimo título bajo el brazo.
Debo decir además, que es la única amiga que tengo de sangre real…
Tania Valecillo (a) Tata.
La Negra. Ella y su hermanita, y como buenas gochas, eran dulces y tratables. Aunque más pequeña que yo, su madurez y solidaridad me ganaron el alma desde siempre. Afanosa, amigable, alegre, me ayudó en todo lo que significara acciones extra curriculares en el Santa Rosa. Me ayudó a limpiar el salón de juegos, a cantar la guardia mientras veíamos escondidas la novela, me enseñó a depilarme las cejas y cuidar mis uñas carcomidas por nervios innecesarios.
Con ella practiqué carreras recordando a mi pueblo Lagunillero. Aprendí a cerrar más la boca ser mas modosa, que la historia personal de cada quien nadie la conoce y pocos saben por qué ríen y lloran los demás.
Mamá gallina de sus hermanos, consentía a su hermanita ante la lejanía de padre y madre. Me sentía desahuciada porque la vida me arrebató la única hermana de ADN que pude haber tenido.
Jamás le escuché cuentos picosos ni travesuras, un noviecito jugador de futbol fue lo máximo que le descubrí por aquellos días. Recuerdo a las Valecillos los días viernes: una mamá en mercedes, guantes de piloto y muy bella las recogía en la puerta del colegio. Yo, marabina desterrada, me conformaba con un taxi a 10 Bs la carrera. Mi casa quedaba a 13 horas en autobús. Por fortuna, papá Irwin me acogió en su casa esos fines de semana.
Si bien fue la Burgos quien organizó el grupo de las Chupis desvalidas, alejadas de la familia y lloronas a más no poder, Tania fue la única que nos siguió llamando por tan rimbombante nombre.
También la perdí en el camino pero jamás la olvidé. Una ráfaga de coincidencias me la trajo de vuelta en la mejor hora de mi vida. Compañera de café para contarle, sin que me regañe, mis infortunios amatorios con mi Lupe. Sin carro y sin dinero, estuvo al pie de mi cama allá en Valencia, mientras yo padecía la grave falta de no querer entrar por el aro en el mundo de la intolerancia.
A través de ella, conocí a otro humano maravilloso. Carlitos Sardi. A pesar de su pene, merece estar en esta mesa.
De ella quisiera aprender el orden y la inquebrantable fortaleza de echarle bolas a la vida. Si miran su cartera se mueren de la envidia. ¡Orden prusiano!.
Arcadia Marturet (a) Martu
Yo venía de un pueblo lleno de apellidos raros. Así que al conocerla no asocié para nada su abolengo. Menos mal, porque codearme con la alta sociedad no era ni es mi fuerte. En mi casa ya me daban mis carajazos para aprender a no poner los codos, y cuando me creí salvada, en la mesa del internado nos enchufaron a nuestra propia maestra de ceremonial y protocolo. Blanca y yo nos divertimos mucho haciéndola enojar masticando con la boca abierta.
Propia galla con ruedo largo y medias hasta la cadera, Arcadia habrá aprendido sobre artes amatorias por referencias de la propia “Susy”. La revistica de amores gallos. Creemos que perdió la virginidad recientemente, cercano a sus 50.
Sufrida como yo en aquello de amores fallidos, pasamos horas descifrando si fue por culpa de nuestro mal aliento o estábamos muy gordas para el candidato. Nada. Llegamos a la conclusión de que amamos demasiado y el contrincante no es capaz de aguantar tanto amor. Por fortuna, Dios mediante, ella llegó a su puerto.
En el ínterin de nuestras vidas cruzadas, la cría de perros reavivó nuestra amistad. Por ahí andan las fotos de sus shiatzus y nuestra poodle pavoneando sus pedigríes. Arcadia es hija de parte de la historia moderna de Venezuela, hija de alguien célebremente conocido en la generación del 28.
Nana Corina y su marquesa de chocolate me enamoraron de su cocina aunque a ella no se le pegó la destreza. También nuestros hombros se han mojado mutuamente con nuestras lágrimas, cada vez que las cosas no van bien.
Mirla Lentino (a) Lentinino:
Un día, el Sr. Pizani, me solicitó apoyar en la organización de una conferencia importante. Demming vino por primera vez a Venezuela y yo me sentía orgullosa de formar parte del equipo, ¡aunque fuera desde lejos!
Hasta ese día, jamás me había percatado de su presencia en Pequiven. Su asertividad y respuestas contundentes me quedaron grabadas para siempre. ¡Esta flaca si es jodida!, ojalá no me toque trabajar con ella – pensé -.
¿Y Uds. que creen? ¡Me tocó! ¡Y no solo trabajar pues! … la vida me llevó a ser su vecina de oficina justo en los días en que su papi se despedía. La vi llorar tanto que aquella imagen severa se me desvaneció en segundos. De ahí en más y poco a poco, fuimos compartiendo sentires y puntos en común. Lloré a moco batiente el día que me mudaron de piso, ¿recuerdas?
Celebrar nuestros cumples en restaurantes cual sibaritas, pasarnos la botellita de ponche crema con el Sr Vergara, contarnos las travesuras de nuestros bebés de mil años, hacernos las mismas preguntas acerca de esos bichos de pezuña hendida, recordar a nuestro amigo Aitor, hacerle trajes de Moschino a varias innombrables. Mirla es mi amiga de condumios, sabores y “descubrires” de una ciudad que sin ser la gran manzana, al menos llega a “tomate de árbol”.
Dicen que en el trabajo no se consiguen amigos sino meras relaciones laborales. Permítanme disentir.
Mirla tiene la capacidad de analizar situaciones en segundos. En lugar de psicóloga debió ser radióloga, no obstante, sumida en un mundo sencillo mas no simple, se dedica en cuerpo y alma a agradecerle a su cuchita haberla traído hasta el puerto. Cocinera, sibarita, enóloga y sobre todo viajante.
No creo amiga – honestamente - , en las palabras de Aitor. Aquel diciembre comiendo tequeños debajo del toldo: Mirla y Loly... ¡o son más brutas o no encontrarán novio! …No hemos encontrado novio porque ¿ Para qué tanto joderse tragando libros entonces?. Esa teoría se cae observando alrededor. ¡Yo no acepto brutos y vos!.
No puedo dejar de mencionar amigas que, por re o fa no están aquí. Las llevo en mi corazón, y si por gracia de Dios, algún día llego a ser famosa o tiran una botella al mar con ésta llorantina, quiero que ellas lo sepan:
Maritza Rojas // Sandra Bucci // Lourdes de Rivera // Carolina García // Gabriela Luna //….
No puedo dejar de incluir a los penes con cerebro: Alcides y Sardi
De todas en conjunto y siendo tan disimiles entre sí, me he preguntado ¿por qué son mis amigas?, la teoría me dice que un gen humanizado en común. Ninguna es superficial, todas son familieras, buenas hijas o buenas madres, sanas, triunfadoras sin pódium, emprendedoras, curiosas por la vida y sobre todo…pacientes. ¡Gracias por aguantarme!.
Hoy es un día especial, dijo el gato de Alicia en el País de las Maravillas, este año cumplo 10 años de mi segunda oportunidad. ¿Ya se hicieron sus mamografías?
Loly García
Domingo 10-08-2008

lunes, 5 de julio de 2010

Nuestro propio espía...




Cuando éramos muchachos, el mundo de Lagunillas nos parecía el universo. Ni siquiera el universo que Einstein había descrito, podía ser tan grande como nuestro pueblo lagunillero. No más de cien calles y dos semáforos nos separaban de parecernos a ser New York. Dos panaderías (la de los Pasquini y la de Los Bermúdez), una quincalla (La Chejendina), una heladería con barquillas tan solo con dos sabores ¿para qué más sabores? (los famosos chinos), un cine popular (el flamingo) y una sola estación de gasolina, era más que suficiente como para sentirse cosmopolita y feliz.

Un pequeño centro comercial divinamente sencillo y vacío, nos dejaba disfrutar del sol en tanto zigzagueabas la pequeña calle del medio. Teníamos todo lo necesario, lo mínimo indispensable y cuando uno no conoce más allá de sus narices simplemente...uno es feliz con lo que conoce. En pocas palabras, a veces medito si no será mejor vivir la simpleza ...

Uno de estos pocos negocios, era nuestro Bloomingdales particular, nuestro "Selemar" o nuestro actual Beco pues, como quieran llamarlo. Una tienda gigante (para mi era como un Makro de los de ahora...), lleno de cuanto "coroto" uno pudiera imaginar. Revistas, juguetes, papelería, piñatería, disfraces para carnaval, bisutería, adornos para la casa, artículos de limpieza...y ¡pare de contar!. El local hacía esquina y sus grandes ventanales me dejaban espiar los carteles del cine flamingo (cuando pasaban las películas prohíbidas de Isabel Sarli...quien hoy no pasaría de ser Candy-Candy).

En esa tienda yo era feliz. Iba con toda la frecuencia que Checita me lo permitía, así, cuando ella iba a la panadería o a la peluquería, yo la acompañaba con tal de escaparme a "curucutear" mi espacio creador. El dueño era un español encantador y de un conversador que daba gusto. Yo, con mis doce o trece años a cuestas, ya era lectora empedernida de "Bohemia" y "Momento" y él se asombraba de saber que yo ya diferenciaba a Jóvito Villalba de Rafael Caldera. Eso lo recuerdo clarito.

El Sr. Pujols, a quienes todos le pronunciábamos el apellido tal cual, y no como él decía, tenía la gracia y el talento necesario como para que nadie saliera de su tienda sin comprar aunque fuera una "vaca vieja". Parecía un pulpo, intentando asesorar a sus clientes y pasaba con suma facilidad de hablar de ollas a conversar de juguetes. Era popular y a la vez discreto...y con los años entendí por qué.

Recuerdo a su esposa vagamente, la recuerdo discreta y sencilla detrás del mostrador. Tal vez mis amiguitos de la infancia puedan hacerme recordar algo más... Recuerdo también que tenía dos hijos, un varón y una niña. Marielena, su hija, estudió con nosotros y no sé si alguien me pueda contar si ella alguna vez le confió el secreto que tan celosamente guardó su papá: El Sr. Pujols. Ella se casó muy jovencita y no tuvo la fortuna de poder llegar hasta nuestros dias: Murió de preeclampcia.

Una navidad, con los cobritos que yo había reunido todo el año, compré en la tienda del señor Pujols todos los regalitos para mi familia. El -personalmente- me asesoró en escogerlos y me los envolvió con lazo y todo. En algunos de estos escritos de mi blog, detallé con cuidado cada regalo pero el que mas recuerdo son "las mancuernas" que le compré a mi papá, Jamás olvidaré la cara que el Diablito puso cuando vio aquel par de "pepas" amarillas del tamaño de un botón grande. Aun las conserva, muy bien envueltas en el cofrecito de sus reliquias, pero jamás las usó...y, aunque de niña me dolió saber que no le habian gustado, hoy las miro y le doy la razón. Simplemente...¡horrorozas!.

Pasaron los años y jamás olvidé las mancuernas amarillas de papá y tampoco al Sr. Pujol y su tienda maravilosa llena de ilusiones para comprar. De alguna manera, muchisimos años después, conversando en el consultorío del Dr. Soto Hunnicut, otrora simplemente Joseíto para todos nosotros...me enteré que aquel señor que me vendió los regalos de navidad y se asombró con mi "preparación" política, fue en su tiempo un famoso espía de la II Guerra Mundial y quien vino a refugiarse y a pasar desapercibido en nuestro pequeño mundo de Lagunillas. Allí encontró paz, refugio y pudo rehacer s vida lejos de la locura de una guerra sin sentido.

"Garbo", nos dejó con el tiempo una lección de vida con su discreción y su don de gente: Uno nunca sabe con quién está tratando...

http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pujol_(Garbo)





































sábado, 3 de enero de 2009

domingo, 14 de diciembre de 2008

Burriquita ...·"domesticà"

Mis etapas a favor y en contra de la feminidad exacerbada, sobre todo la exacerbada, las tengo más o menos claras. De niña, algunos días amanecía manejando carritos o jugando metras y en otros me daba por imitar a mamá en eso de ser una típica y hacendosa niña bien criada. Mis acercamientos hacia los potingues de belleza fueron tempranos, los colores me llamaban la atención, las líneas oblicuas y las sombras. Al fin y al cabo, mis abuelos vivían en el propio Saladillo, cada casa estaba pintada como para encandilar a un ciego, de ahí lo aprendí. El mundo no era gris. No es gris.

En aquellos tiempos era menester pintarse un lunar en la mejilla, como la Félix, aunque tu Agustín Lara particular rayara en lo buen mozo. Tus cejas se iban tatuando cada día a punta de creyón y más creyón, hasta lucir – al menos intentar – ser como Liz Taylor aunque nuestros Burton no tuvieran ojos azules. Mágicamente - con transportador y escuadra - de cada ángulo extremo del ojo salía disparada una línea “curveadita”, que por cierto, ahora usa Amy Winehouse. ¿¡No te digo yo ¡?

Todos los medio día, mientras mamá y papá dormían la siesta, practicaba con las cremas y los lapicitos de colores de mamá. Ensayaba lo necesario porque sabía que algún día me tocaría ponerme el disfraz y no quería aprender justo antes de ir a la fiesta. Me miraba en el espejo y cada día cambiaba de técnica, de intensidad, de colores. Eso sí, nunca me olvidaba de “desmaquillarme” a tiempo, antes de que pasara el autobús a recogernos a la 1:30 cada tarde. Nuestro IE de madera, no quedaba lejos de casa.

Claro, a cada cochino le llega su sábado y a mí me toco el mío el día que pretendí pasar muy maquillada frente a la Srta. Astrea. Solo quería que Manuel me viera “grande”, apenas iba por segundo grado y me gustaba un niño de bachillerato. Me gustaron maduros desde siempre.

No logré pasar del primer asiento en el autobús. La Srta. Astrea me hizo sentir que había ofendido a la humanidad con mi maquillaje maracaibero: Cejas negrísimas, rabos largotes y la boca roja como peonia. Yo me juraba bella. Sufrí mi primera decepción al saber que Manuel ni se enteró de mi esfuerzo femenino por agradarle y como corolario, pasé toda la bendita tarde castigada en la dirección. Mi primera experiencia pública con Elizabeth Arden había sido un desastre.

Por suerte siempre hay segundas oportunidades. Al menos eso aprendí en la vida. No solo segundas sino infinitas…oportunidades.

Mi segunda oportunidad “oficial” y con consentimiento de la dueña de los potingues y del colegio, llegó de la mano de un acto cultural criollo en el cual casi todos los bailarines perdimos la rabadilla.

Mayela y yo nos mirábamos los colgantes que nos habían “guindado” de orejas y cuello y me sentí reconfortada al notar que mis rabos y mis cejas se notaban mas que las de ella. En mi mano derecha aprendí a sostener el lápiz de labio – por si acaso - . y en la izquierda el pañuelito para secarme el sudor. Oswaldo Pardo fue el parejo de Mayelita y mi niño “guariqueño por un día” era de apellido Marcano. ¡Y vueltas y Vueltas! ¡ Zapateando y zapateando con alpargatas de verdad ¡

Todo iba muy bien hasta que entró en escena la burriquita. Me imagino por qué la eligieron, no habría nadie mejor que ella para interpretar ese personaje alegre que entra al pueblo con su algarabía. El día de la puesta en escena nos sorprendió con “patadas” de verdad a nivel de rabadillas y, mientras ella sonreía al público y ganaba aplausos nosotros recordábamos las instrucciones de la maestra: “¡Ya saben niños! …y prosiguió, ¡Ese día no se pueden equivocar, si algo pasa sigan bailando como si nada!”. Eso hicimos, ¡Resistir las patadas¡

¿Alguien recordará quién asumió nuestro famoso personaje de “la burriquita”? , se los cuento en un rato…

Ensayar y ensayar, y,…otra vez a ensayar. Un semicírculo de parejas guariqueñas nos aprendimos letra y música de esa pieza tan sabrosa de nuestro folklore.

Letra de la canción LA BURRIQUITA

Ahí viene la burriquita,
ahí viene domesticá’,
no le teman a la burra
que no es la burra maneá’.

Ay sí, ay no,
Mariquita me regaló
un canario que cantaba
los versos del Niño Dios.

Ésta es la burrita nueva
que viene de Campajal,
y no había venido más antes
por no tener un bozal.

No le eche hierba a la burra
que no va a poder bailar,
échele una Mariquita
y aguáitela no más.